4 mil niños muertos, 3 mil 700 huérfanos, más de 20 mil familias afectadas en todo el país, y cerca de 400 menores de edad reclutados por el crimen organizado, tan sólo en Ciudad Juárez, es el saldo de la "Guerra contra el narcotráfico".
Pocos empleos, si los hay, mal pagados, sin prestaciones, etcétera; incrementos mensuales a las gasolinas; incremento generalizado a la canasta básica; inseguridad; delincuencia; pobreza extrema; monopolios; miseria, y otro largo etcétera.
La sociedad se encuentra en un estado de angustia constante, la exposición reiterada a la violencia generalizada y a la incertidumbre económica provocan histéria, nuestra ciudadanía está enferma de hartazgo, es comprensible: las promesas, como ocurre históricamente en México, no fueron satisfechas. Sólo que ahora es distinto, parece que se ha recuperado la memoria.
El cambio que prometío el Partido Acción Nacional desde el año 2000, con la llegada al poder de Vicente Fox, reencontró a muchos ciudadanos con la domocracia, la credibilidad en las elecciones se incrementó exponencialemente (cosa contraria a lo sucedido en 2006) , y las instituciones electorales disfrutaban de un "merecido" reconocimiento de la población, pero este avance, en una frágil democracia como la nuestra, sufriría un menoscabo en 2006.
Los gobiernos estatales han protagonizado historias nada alentadoras, el autoritarismo en Oaxaca, Puebla, y Estado de México, así como la ultraderecha y la intolerancia en Jalisco y Guanajuato, han polarizado a la sociedad nacional, que se enfrenta a la incertifumbre de ver como sus representantes en el Congreso de la Unión "democráticamente electos", a través de concertacesiones perpetúan su estancia en el poder a cambio del aumento a los impuestos: la burla es mayúscula y la decepción: proporcional.
Es tiempo de la reforma del Estado: "Acortemos las atribuciones del Ejecutivo"; "Iincrementemos la participación del Congreso"; "Defendamos la autonomía del Poder Judicial"; revisemos las leyes de medios, electorales, y de Pemex, ha llegado el momento, la sociedad lo espera. ¿Lo esperamos en realidad?
No parece comprensible la apatía demostrada por la ciudadanía, los jaloneos en la Cámara de Diputados, han abierto la discusión, su capacidad de representatividad se ha ido.
Más allá de la incapacidad del gobierno actual para dirigir pólíticas efectivas que terminen con la violencia y el rezago social, lo que se pretende es que la sociedad recupere sus espacios, que se agrupen de maneras distintas para tomar acciones directas, acordes con la responsabilidad individual y colectiva de cada quien. La decepción sólo puede provocar inestabilidad y el objetivo del Estado es considerar todas las visiones e incorporarlas en políticas públicas incluyentes.
La reflexión del día: Entre el sueño y la decepción ¡Despierta!
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