miércoles, 5 de mayo de 2010

El final es en donde partí

Tuve que retomar esta frase, por si parece familiar a los asiduos lectores de este humilde blog,  ya que el tema de esta nota corresponde a la neutralidad de la tecnología. Mucho hemos escuchado que la tecnología no es buena o mala, sino que es el ser humano quien determina la forma en que será empleada y por tanto la finalidad que persiga.

Siendo así las cosas, la discusión acerca de la ponderación de principios parece insoslayable, porque será dificil determinar qué es más válido cuando nos enfrentemos a la valoración del derecho al desarrollo contra el derecho a un medio ambiente sano.

¿Qué derecho es más legítimo? El derecho al  desarrollo que planea asegurar a todos los países y comunidades el goce y disfrute que genera el consumo, ya que no sería fácil explicarles que sólo los habitantes del llamado primer mundo pueden tener esta posibilidad porque ellos llegaron tarde a la industrialización y ahora hay que pensar en el deshielo de los polos. Tampoco pienso que sería sencillo ver como algunas naciones continúan con la sobreexplotación de los recursos naturales del único mundo que hasta hoy conocemos como capáz de hacernos sus inquilinos.

Reconociendo que esto recobra importancia, tendremos que buscar o retomar, los instrumentos que nos hagan religarnos en función de la valoración que se les dará a los principios, sin embargo es necesario hacerlo o de lo contrario el descontento social ira en aumento y la incertidumbre producto de la inseguridad impedirá que la tecnología, por mucho que progrese logré resolver nuestros conflictos.

La reflexión del día: ¿Si sólo la tecnología puede ser bien o mal empleada, qué entenderemos por manipulación? 

Apocalipsis: Una oportunidad impensable

Mas allá de la visión “holliwoodense” del fin del mundo, pensemos en este hecho como una realidad, no para atemorizar a nuestros semejantes e instaurar una nueva fe, cuyos apóstoles u oráculos seamos nosotros, si no para identificar la posibilidad que nos puede dar, pensando que sobreviviríamos, piénsalo: recrear los paradigmas.

Imagínate, algunos pocos seres humanos perdidos en zonas impensables, logrando permanecer en la tierra, tienen la gran oportunidad de su vida, reinventar a la sociedad. ¿Cómo organizar a los sobrevivientes? ¿Qué valores regirán la nueva forma de relacionarnos? ¿Siendo de orígenes diversos, cómo podríamos ligarnos? ¿Requeriríamos generar una nueva identidad? ¿Seriamos capaces de reutilizar los modelos que ya conocemos? ¿Aprovecharíamos esta oportunidad?

Hagamos el ejercicio, pensemos que nuestro México quedamos algo así como unas 2000 personas, ya no somos unos niños como el Señor de las Moscas, pero tenemos el mismo dilema: Debemos mantenernos vivos.

¿Qué será lo verdaderamente importante? ¿Cómo vamos a medir o cuantificar la felicidad? ¿El dinero, el éxito, los bienes o la fama serán realmente tan importantes como lo son ahora? ¿Qué modelo se te ocurre para lograr el objetivo y qué harás tú?

La reflexión del día: ¿Sobrevivir será el verdadero apocalipsis?

La privatización de la paz

¿Será posible que un particular, corporación o persona física, adquiera o detente un arma invencible y la utilice para mantener la estabilidad de los regímenes estatales sin posibilidad de resistencia?

No hablo del narcotráfico ni de las organizaciones de carácter supranacional, sino de Ironman, podrá parecer un tema fuera de contexto, pero no lo es, la posibilidad de que exista “alguien” que desarrolle un arma a la que no exista otra fuerza similar oponible cambiaría el escenario mundial.

La versión romántica del héroe de historieta, nos muestra que esta fuerza será usada para establecer la paz mundial. Pero… ¿Qué es la paz? Si la definimos como seguridad o restablecimiento del estado de derecho, tal vez estamos hablando de autoritarismo estatal ejercido a través de un ente particular, o como bien lo dice Robert Downey Jr., personificando a Tony Stark en el filme, de una privatización de “la paz”. ¿Qué tan válido es qué un particular a través de su capacidad (en este caso tecnológica) se convierta en el garante de la seguridad mundial, podría abusar de las ventajas que esta posibilidad le ofrecen? ¿Estamos hablando de ficción?

¿Los monopolios transnacionales en armamento, energía, farmacéutica o alimentos, no tendrán también la capacidad para el mantenimiento de “la paz”? Basta echar una mirada a la “Guerra contra el terrorismo” ¿A quiénes se beneficio realmente?

Por más que se quiera demostrar que los “súper héroes” poseen una ideología que privilegia los más altos principios morales, ésta al final coincide con los objetivos que persigue el “Estado Nación” del cual provienen, la aparente rebeldía de Stark concluye recurriendo al fantasma de la guerra fría, el enemigo común que atenta contra “la paz” restablecida a través de la defensa de los principios libertarios de occidente.

La reflexión del día: ¿Entonces…qué valores defiende Kaliman?

viernes, 30 de abril de 2010

Ante el reto de la desobediencia

¿Qué es más sencillo obedecer o la desobediencia?

Pareciera que seguir órdenes sin cuestionar implica para los individuos asumir una posición pasiva, y que la sencillez de ésta, radica en transferir la responsabilidad de las acciones a quienes se obedece, porque no todos estamos preparados para asumir las consecuencias de nuestros actos, ya que esto implica tener plena conciencia de que pertenecemos a una comunidad, así como de los distintos roles que desempeñamos.

Por su parte, la desobediencia requiere conocimientos, porque para oponerse a algo se debe saber por qué, y no sólo eso, sino que es conveniente establecer una alternativa, la desobediencia favorece el desarrollo de un espíritu crítico, pero también genera conflictos, no todos sabemos dirigir y no todos podemos obedecer.

Sin embargo, pienso que la obediencia puede resultar más complicada, el someter el verdadero deseo a la voluntad de alguién más requiere fortaleza, no cualquiera puede dominarse, no importa que tan válidas sean las razones que exigan la sumisión: el bien común, la paz, la seguridad, la vida, el medio ambiente, aprobar una materia...

Es posble desobedecer sin motivo alguno y esto propicia descontrol, pero la obediencia ciega y sin razón también genera inconvenientes: desaparecen los responsables.

Los extremos suelen ser malas opciones, no todos los procesos sueles ser dicotómicos, sin embargo, hay momentos en que sólo se puede obedecer, sobre todo en situaciones que implican relaciones de poder como: gobernados-gobernantes, marido-mujer, maestro-alumno.

En este sentido no queda más que asumir una posición y continuar escibiendo.

La reflexión del día: ¿Cuál es tu excusa...cantidad o calidad?

jueves, 29 de abril de 2010

La verdad

¿Será posible que los seres humanos hagamos de la verdad una exigencia de vida cuando no estamos preparados para aceptarla?

¿Cuántas veces has callado una verdad por ser incómoda? ¿Cuántas veces has dicho mentiras piadosas? ¿Y después de ello te consideras honest@?

En mi experiencia de vida (que por cierto es muy corta), he comprendido que se exige la verdad pero se esperan mentiras, he tenido la falta de conciencia de comprobarlo en muchas ocasiones, de hecho parte de mi aparente seriedad tiene que ver con lo inconveniente que me resulta atender a las mentiras convencionales, pero esta nota no tiene por objeto servirme de catársis, aunque debo admitir que es efectiva, sino exponer a "la verdad" como instrumento discursivo para obtener la paz social.

"La verdad" también funciona como un elemento de legitimación, y aunque la realidad se genere por concenso, la sociedad se muestra mucho más compasiva con alguién que admite haber mentido y se muestra arrepentido después, que por alguién que engaña y se mantiene hasta que es inevitable. Eso mismo puede suceder con un sistema que prometía tener las respuestas, a través del "orden y progreso", y que sólo lo obtuvo para unos cuantos.

Es posible que en ese mismo discurso, las corporaciones (sosten del propio sistema) aparezcan evidenciando sus fallas, desatinos y contradicciones, pugnando por un reordenamiento, por un acercamiento a la sociedad civil, un empoderamiento de los ciudadanos del mundo.

¿Podemos creer en esta "verdad"? ¿A qué o a quienes benefician realmente las nuevas políticas económicas? ¿Nuestro interes real en el estado o en el ente que concibamos cada quien, es que haga desaparecer al Nugudú que todos llevamos dentro o es algo más?

La verdad puede emplearse como elemento de disuación ante una sociedad sumida en el hartazgo, no olvidemos que en mayor o menor medida la fe aparece tarde o temprano en tod@s nosotr@s.

La reflexión del día: La verdad no tengo ninguna

Recortes de historia

Retomando algunos de los temas que tengo atrasados para tratar en el blog, voy a referirme brevemente a la Independencia, aprovechando la euforia del Bicentenario, claro está.

la Independencia de México tuvo como génesis la inconformidad de las clases medianamente empoderadas (criollos) y la fortuna de coincidir con la efervecencia internacional causada por el reajuste de los imperios europeos, el resultado: buscar otra forma de organización en la Nueva España.

Sin un proyecto claro de Nación, nos adentramos a la modernidad en una posición inestable, tan fue así, que requerimos de una alianza estratégica con la iglesia católica (favorable para ella naturalmente). Para el sector eclesiástico en México, fue necesario apoyar la escisión del católiquísimo Reino de España, como medida preventiva ante la peligrosidad que implicaba el liberalismo para el mantenimiento de sus intereses, con este apoyo resulta complicado hablar de la posibilidad de instaurar un Estado Secular en nuestro país.

En este contexto, es comprensible el rechazo a Juárez y a las políticas callistas (más entrado el siglo XX) es natural, somos un pueblo religioso, ya lo veíamos desde los tiempos de Moctezuma Ilhuicamina, el fervor nos religa de manera efectiva, nos da pertenencia.

Con la legitimidad del "Señor Cura", quien va a dudar de que nuestro proceso de reconocimiento identitario no cuenta con la bendición de Dios, quien más que el "César" que yacía en las arcas de la Iglesia de la Nueva Epaña y que no dudó ni por un momento en sostener ejércitos extranjeros y nacionales que le permitieran mantenerse en el poder, apoyaría la causa de Iturbide.

Por ello nuestro intento de alcanzar la modernidad fracasó una y otra vez, nos faltaron los elementos teóricos que sí tuvieron los Estados Unidos y otros países europeos, nos faltó alejarnos de los confesionarios y darle a Dios lo que "es de Dios".Aunque pensándolo mejor, la modernidad tampoco resolvería nuestros problemas.

La reflexión del día:  Parafraseándo a los Fabulosos Cadillacs ¿Hay algo que festejar?
  

miércoles, 28 de abril de 2010

Expectativas

Hace unas horas escuche sobre la flexibilidad como instrumento para facilitarnos la felicidad.
El permanecer inflexible genera frustración, sobre todo porque regularmente (al menos en personas obsesivas compulsivas como yo) genera estrés y pocas posibilidades de satisfacción, quizá sea porque establecemos estándares demasiado elevados o tal vez debido a que nuestras posibilidades de controlar el entorno son nulas, lo cierto es que hasta hoy, no había pensado en la posibilidad de que un cambio de actitud de esta naturaleza pudiera impactar la forma en que nos relacionamos.

Lo anterior, me parece que puede aplicarse a nuestro orden jurídico, porque es precisamente la rigidez del derecho y las instituciones que en un afán por consolidar la seguridad jurídica, apelan a estructuras imperecederas, cuando nuestra propia naturaleza humana y social es dinámica.

Quizá hasta este momento el derecho, como instrumento para propiciar la seguridad o el control social, utilice la inmovilidad para facilitar su observancia a través de la costumbre, sin embargo, lo que ha generado paralelamente, es su desobediencia, porque se considera que no responde a las exigencias de las comunidades, ante este panorama, parecería claro que le corresponde asumir una postura flexible, pero: ¿En realidad es tan claro?

¿O se podrá exigir a la sociedad nacional que sea flexible ante sus expectativas para que abrace la felicidad que le proporcionan nuestro orden jurídico y las instituciones a las que da forma? De ser esto cierto: ¿No estaríamos hablando de una felicidad ilusoria?
 
La reflexión del día: ¿Te ilusiona alcanzar la felicidad?