sábado, 8 de mayo de 2010

Entre prejuicios y estigmas


Prejuicio: “Opinión previa y tenaz, por lo general desfavorable, acerca de algo que se conoce mal”

Estigma: Marca o señal en el cuerpo. Desdoro, afrenta, mala fama.

Real Academia de la Lengua Española.


No siempre se puede conocer el entorno de manera directa, en muchos casos sólo es posible tener un acercamiento a través de experiencias de otros, en este sentido, los prejuicios son insoslayables.

Los estigmas son consecuencia de los prejuicios, que se aplican una vez que has constatado su vigencia de manera directa, etiquetar sin un proceso previo similar seria irresponsable.

Mucho se comenta sobre la relación existente entre la discriminación y los prejuicios (me parece oportuno señalar que en esta nota haremos una reflexión sobre las conductas discriminatorias secundarias, entendidas como expresiones de rechazo social o individual a ciertas personas o comunidades), que logran impedirles el ejercicio de ciertos derechos.

Es vieja, marica, naco, indio, niña, prieto, joven, chaparro, güero, judío, muerto de hambre, rico, gordo, y un muy largo etcétera, muy difícil no encontrarnos en algún supuesto que reciba o esté en posibilidad de recibir un trato diferenciado, pero ¿Qué no la democracia supone el reconocimiento de las diferencias?

Pero hay de diferencias a diferencias, y no es el fondo es la forma, se dirá. ¿Cuál fondo y cuál forma? La forma es el lenguaje, el fondo la diferencia.

Ejemplifiquemos: soy mujer, ya de inicio se piensa que no sé manejar; no vieja porque mi edad me sitúa en el grupo de adultos jóvenes,;no me considero indígena porque no recibí educación de ese tipo; heterosexual así que los chistes de “gays” no me ofenden personalmente; mido 1.55 mts., así que al encontrarme en el parámetro aceptable de estatura para una mujer mexicana las burlas en la escuela fueron ocasionales; soy delgada así que no me ha preocupado convertirme en punto de referencia, aunque el calificativo de “Anoréxica” me parece poco sutil; no soy católica así que me he resignado a la condena del fuego eterno;  como podemos ver me sitúo en múltiples campos que me hacen suceptible a sufrir discriminación, pero también a ejercerla.

Analicemos: ¿Qué impulsa estos comentarios? Ocio, envidia, sociabilización (conocido comúnmente como chisme), burla, descrédito, y otro a un más largo etcétera, conociendo a la persona o grupo de que emite esos comentarios pueden conocerse los motivos que los incitan, pero en tal caso ¿qué importa esto al derecho?

En tanto no se produzcan consecuencias de violencia física o moral que menoscaben los derechos de otros, el orden jurídico puede mantenerse al margen, aunque podría tomar otra posición: censurar estas conductas. Al recoger estos supuestos en la norma, la sociedad podrá estar a favor o en contra, en cualquier caso se iniciará la discusión.

La reflexión del día: Identificate: ¿naco o extravagante?

El paradigma de la discriminación

En el marco de una conferencia a cargo del Consejo Nacional para prevenir la Discriminación (CONAPRED), un compañero de la oficina comentó que la discriminación provoca la descomposición del tejido social, ya que ésta ejercida sistemática y progresiva hacia ciertos sectores, ha generado que puedan ejercer violencia (homicidios, secuestros, violaciones, asaltos, etc.) hacia sus semejantes sin ningún remordimiento, puesto que no los consideran como iguales. También agregaba que no se debe utilizar la lástima como agente para el reconocimiento de las diferencias de los individuos. Me parece interesante, pero no necesariamente cierto.

Cambiemos la perspectiva, la discriminación consiste en una elección, y adquiere un carácter peyorativo cuando vulnera los derechos humanos de los individuos, por ello, el discurso oficial (no me refiero al gubernamental sino al impulsado por el modelo económico-social actual corporativista que incentiva el consumo) ha cambiado, el reconocimiento de la pluralidad es una exigencia en tanto que las diferentes identidades funcionan como “nichos de mercado”. Para homologar es necesario reconocer, para después intercambiar y eventualmente imponer.

No es la discriminación en si misma, por más sistemática y progresiva que sea, la que provoca la descomposición del tejido social, sino la marginación que la genera. La pobreza como circunstancia que imposibilita a los individuos el acceso a los mínimos satisfactores esenciales para su pleno desarrollo, provoca un sentimiento de inconformidad que puede capitalizarse a través de la violencia.

La población indígena, heredera de la opresión, la marginación y la miseria, factores que en muchos casos suelen considerarse como “normales” para ellos en la sociedad mexicana, no sólo son señalados por su color de piel, rasgos, idioma o vestimenta, no es su diferencia en si misma, sino el olvido crónico.

Continuemos con el ejercicio, identifiquemos otros sectores sociales o “grupos vulnerables”, en la mayoría de los casos, identificaremos que es su participación en el mercado la que define el reconocimiento o no de sus derechos humanos, y no sólo la discriminación como sentimiento de rechazo, porque finalmente: todos discriminamos.

¿Qué atenta más contra los derechos fundamentales, que no se permita la entrada de un indígena a un restaurante o que éste tuviera que abandonar a su comunidad y familia en un intento por salir de la miseria?

Retomemos el segundo punto, “el fin justifica los medios”, por qué no apelar a la lástima, un sentimiento puramente humano, para acabar con otro, la discriminación, igualmente humano. En mi caso, la respuesta es simple, y poco tiene que ver con que me ofendan los rostros desencajados de las poblaciones marginadas, sino con algo muy sencillo que aprendí gracias a mi padre: “la dignidad no se negocia”.

Todas las personas tenemos iguales derechos, pero no percepciones, características o circunstancias, y eso es positivo, nos da diversidad. El conseguir el justo equilibrio entre estos elementos es el reto de la posmodernidad. ¿Para qué? Buena pregunta, solo podemos dar una posible respuesta: el desarrollo pleno del individuo.

La reflexión del día: ¿Tenemos derecho a discriminar?

Entre la discriminación y el reconocimiento a las diferencias

La discriminación como herramienta de elección, tiene una aplicación cotidiana que sin duda nos es muy familiar, sin embargo, cuando ésta posee un carácter sociológico, puede y de hecho adquiere, otro carácter, para convertirse en un elemento de control social.



¿Cómo funciona? La identidad de los individuos permite integrar comunidades, que en mayor o menor medida se religan a través de elementos compartidos: aspectos raciales, sexuales, económicos, sociales, gustos o afinidades.



Sin embargo la sociedad actual, como hemos hecho referencia en notas previas, busca homologar los hábitos de consumo, y en ese sentido, difunde un estereotipo que eventualmente les permitirá obtener “la verdadera felicidad”, y cuyos principales factores son: una mayor posibilidad de consumo y un modelo estético anglosajón.



No es difícil comprender que toda persona que se encuentre aleccionada sobre la aceptación de este modelo (ampliamente difundido por los medios de comunicación), experimente en mayor o menor medida frustración o competitividad desmedida, en función directamente proporcional al grado en que cumpla o pueda cumplir con tales exigencias.



Para aquellos que no aceptan tal estereotipo, su crítica se convierte en una exigencia, es necesario reconocer que no hay posibilidad de homologación, porque en la medida en que se extinguen las diferencias en una sociedad, se estanca y condena a la decadencia. Esta situación la ha comprendido bien un sector del corporativismo actual y no sólo eso, ha identificado la posibilidad que implica su explotación, sino ¿porque el interés?



La reflexión del día: ¿Ser naco es chido?

jueves, 6 de mayo de 2010

Garantizar la seguridad

Establezcamos como punto de partida de este análisis, que la seguridad propicia el desarrollo, y que la violencia es un instrumento que facilita la coerción de los individuos que mantienen relaciones de poder, y que ésta cuando se ejerce de manera generalizada por alguno de estos grupos puede, y de hecho sucede, vulnerar la seguridad de los otros, y menoscabar sus posibilidades de desarrollo.

En este escenario, los Estados se enfrentan a un conflicto recurrente: garantizar la seguridad sin menoscabar libertades.

En México, por ejemplo, la iniciativa presidencial de enviar el ejército a las calles, como garante del orden público, ha sido muy discutida: ¿qué tan necesario era emprender una “guerra contra el narcotráfico”? Coincido con lo dicho por Ferrajoli (en el marco de la conferencia que presentó en la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, a principios de este año) “la guerra sólo puede darse entre pares”. Al reconocer a los Cárteles la capacidad de enfrentarse al gobierno federal, representante del Estado Mexicano, estamos reconociendo su fortaleza, y si además de todo, no se percibe la derrota contundente del enemigo, entonces la estrategia habrá fracasado, pues se debilita la imagen del representante oficial.

¿Cuál es entonces la alternativa, la pena de muerte para secuestradores y asesinos? La imposición de penas más severas, como lo esquematiza Michael Moore en “Masacre en Columbine”, no ha demostrado su plena eficacia. Entonces… ¡Legalicemos las drogas! En un país con tan bajo nivel educativo y cultural, con unas condiciones sociales tan precarias, y sin unas políticas públicas adecuadas e integrales en materia de salud… ¿Será la mejor opción?

Educación, crecimiento económico y políticas públicas incluyentes, podrían acercarnos más a establecer condiciones de seguridad. ¿Será posible?

La reflexión del día: ¿Estás dispuesto a ceder más libertades?

miércoles, 5 de mayo de 2010

El final es en donde partí

Tuve que retomar esta frase, por si parece familiar a los asiduos lectores de este humilde blog,  ya que el tema de esta nota corresponde a la neutralidad de la tecnología. Mucho hemos escuchado que la tecnología no es buena o mala, sino que es el ser humano quien determina la forma en que será empleada y por tanto la finalidad que persiga.

Siendo así las cosas, la discusión acerca de la ponderación de principios parece insoslayable, porque será dificil determinar qué es más válido cuando nos enfrentemos a la valoración del derecho al desarrollo contra el derecho a un medio ambiente sano.

¿Qué derecho es más legítimo? El derecho al  desarrollo que planea asegurar a todos los países y comunidades el goce y disfrute que genera el consumo, ya que no sería fácil explicarles que sólo los habitantes del llamado primer mundo pueden tener esta posibilidad porque ellos llegaron tarde a la industrialización y ahora hay que pensar en el deshielo de los polos. Tampoco pienso que sería sencillo ver como algunas naciones continúan con la sobreexplotación de los recursos naturales del único mundo que hasta hoy conocemos como capáz de hacernos sus inquilinos.

Reconociendo que esto recobra importancia, tendremos que buscar o retomar, los instrumentos que nos hagan religarnos en función de la valoración que se les dará a los principios, sin embargo es necesario hacerlo o de lo contrario el descontento social ira en aumento y la incertidumbre producto de la inseguridad impedirá que la tecnología, por mucho que progrese logré resolver nuestros conflictos.

La reflexión del día: ¿Si sólo la tecnología puede ser bien o mal empleada, qué entenderemos por manipulación? 

Apocalipsis: Una oportunidad impensable

Mas allá de la visión “holliwoodense” del fin del mundo, pensemos en este hecho como una realidad, no para atemorizar a nuestros semejantes e instaurar una nueva fe, cuyos apóstoles u oráculos seamos nosotros, si no para identificar la posibilidad que nos puede dar, pensando que sobreviviríamos, piénsalo: recrear los paradigmas.

Imagínate, algunos pocos seres humanos perdidos en zonas impensables, logrando permanecer en la tierra, tienen la gran oportunidad de su vida, reinventar a la sociedad. ¿Cómo organizar a los sobrevivientes? ¿Qué valores regirán la nueva forma de relacionarnos? ¿Siendo de orígenes diversos, cómo podríamos ligarnos? ¿Requeriríamos generar una nueva identidad? ¿Seriamos capaces de reutilizar los modelos que ya conocemos? ¿Aprovecharíamos esta oportunidad?

Hagamos el ejercicio, pensemos que nuestro México quedamos algo así como unas 2000 personas, ya no somos unos niños como el Señor de las Moscas, pero tenemos el mismo dilema: Debemos mantenernos vivos.

¿Qué será lo verdaderamente importante? ¿Cómo vamos a medir o cuantificar la felicidad? ¿El dinero, el éxito, los bienes o la fama serán realmente tan importantes como lo son ahora? ¿Qué modelo se te ocurre para lograr el objetivo y qué harás tú?

La reflexión del día: ¿Sobrevivir será el verdadero apocalipsis?

La privatización de la paz

¿Será posible que un particular, corporación o persona física, adquiera o detente un arma invencible y la utilice para mantener la estabilidad de los regímenes estatales sin posibilidad de resistencia?

No hablo del narcotráfico ni de las organizaciones de carácter supranacional, sino de Ironman, podrá parecer un tema fuera de contexto, pero no lo es, la posibilidad de que exista “alguien” que desarrolle un arma a la que no exista otra fuerza similar oponible cambiaría el escenario mundial.

La versión romántica del héroe de historieta, nos muestra que esta fuerza será usada para establecer la paz mundial. Pero… ¿Qué es la paz? Si la definimos como seguridad o restablecimiento del estado de derecho, tal vez estamos hablando de autoritarismo estatal ejercido a través de un ente particular, o como bien lo dice Robert Downey Jr., personificando a Tony Stark en el filme, de una privatización de “la paz”. ¿Qué tan válido es qué un particular a través de su capacidad (en este caso tecnológica) se convierta en el garante de la seguridad mundial, podría abusar de las ventajas que esta posibilidad le ofrecen? ¿Estamos hablando de ficción?

¿Los monopolios transnacionales en armamento, energía, farmacéutica o alimentos, no tendrán también la capacidad para el mantenimiento de “la paz”? Basta echar una mirada a la “Guerra contra el terrorismo” ¿A quiénes se beneficio realmente?

Por más que se quiera demostrar que los “súper héroes” poseen una ideología que privilegia los más altos principios morales, ésta al final coincide con los objetivos que persigue el “Estado Nación” del cual provienen, la aparente rebeldía de Stark concluye recurriendo al fantasma de la guerra fría, el enemigo común que atenta contra “la paz” restablecida a través de la defensa de los principios libertarios de occidente.

La reflexión del día: ¿Entonces…qué valores defiende Kaliman?